lunes, 19 de junio de 2006

Catalunya, una nación... desencantada

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Catalunya es ya, tras aprobar su nuevo Estatuto de Autonomía, una nación, por primera vez no solo desde un punto de vista sociológico o sentimental sino también institucional o oficial.
Una Estatut aprobado hoy por una amplísima parte de la población catalana... que fué a las urnas. Un aplastante 74% de apoyos dejaría un inmejorable sabor de boca al ejecutivo catalán, sin duda, y por delante de cualquier otra cosa, vayan mis felicitaciones.
Sin embargo, tanto el Govern como toda la clase política catalana ha de realizar un profundísimo análisis de los resultados y, concretamente, de ese 55% de abstención que rompe con la figura, seguro falsa (demostrado hoy) pero mas de una vez dada en los ultimos 3 años, de un pueblo corporativista y poco crítico (hablan de los gallegos y el fraguismo, pero pocas veces un gobierno con tantos contratiempos y errores -Carmel, 3%, comisiones de ERC a cargos públicos electos y no electos...- había contado con un apoyo casi unánime de su pueblo).

Puede que el pueblo no haya salido a la calle para gritar contra su gobierno (será cosa del seny), pero tampoco lo ha hecho para votar. Hoy Catalunya aprobó un Estatut favorable para ella, que es lo que quedará, pero también ha mostrado indiferencia por sus representantes y evidenció un importante alejamiento entre pueblo y clase política, y desde la distancia que me separa de una tierra que, por unas razones que no vienen al caso, quiero sin casi haber pisado, el referendum con una campaña más vergonzosa que se pueda recordar en el pasado reciente del Estado Español (campaña partidista de la Generalitat, insultos directos a otros partidos en los lemas del PSC, boicoteamiento de actos políticos, tanto del PP como de Arcadi Espada -que un tipo como Arcadi tenga que oir que es un "facha", y mas viniendo de 4 niñatos que entienden que democracia es no dejar hablar a todo el que no piensa como yo y se creen "democratas de izquierdas", manda collons- mediante el uso de la violencia, tanto física como verbal, falta de condena unánime y rotunda entre los partidos no afectados -salvo honrosa excepción del PSC- de estas acciones...) ha acabado con un mensaje claro del pueblo catalán: Queremos a Catalunya (por eso votamos que sí los que votamos) pero no nos sentimos representados por vosotros (por eso ni votamos la mayoría). Maragall, Carod, Mas, Piqué... a pensar en eso, guapos... y por el bien de Catalunya, a mejorar.
Visca Catalunya!

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