lunes, 25 de junio de 2007

Dominique A, un maestro.


Y de los grandes. Lo del Sábado en el Auditorio es impresionante, que quieren que les diga. Simplemente impresionante.
L´Horizon está entre los mejores discos del año, cierto, y con eso se tiene mucho ganado a la hora de salir a la plaza, pero las circunstancias, pese a todo, no eran las idóneas: un concierto sentado, en un auditorio ("mala música para auditorio", llegó a asegurar el francés) que, por encima, contó con problemas de sonido, con una música que merece un espacio abierto y libre de movimientos, en el que no cabía un alma, cierto, pero con un grado alto de cierto desconocimiento en profundidad del francés en las butacas. Ganar era dificil, pero Dominique A salió en hombros del
ruedo.

Sobre luz azul tenúe, casi divina, salía Dominique y sus hombres, cuatro, vestidos de negro íntegro y con una copa de vino blanco (Albariño, suponemos) en las manos. Comenzaba puntual y cantando sin saludar, con esa actitud que le caracteriza, con fuerza contenida. El concierto iría ganando tonos eléctricos a medida que avanzaba, el sudor, a litros, se escurría por la frente y caía al suelo desde la cara de un hombre entregado con un público al que se ganó desde el primer "boas noites, graciñas". Mucho juego de viento también, y muy preciso, especialmente cuando entraban a jugar el saxo y la trompeta de sus acompañantes, dando un toque entre mágico y orquestral a las melodías con que Dominique nos deleitaba. Actitud abierta y simpática, Dominique cerraba una gira y se notaba. Emocionado en algún momento tras esa primera impresión de tipo duro, aunque siempre sensible, dió dos amplios e impresionantes bises (convirtiendo "el auditorio en una discoteca" en el último, en una espectacular muestra de capacidad y eclecticismo). Por aquel entonces ya tenía el sobresaliente ganado, tras un concierto casi perfecto, mucha conexión con su público, y bastantes risas (¡¡"Fuego, fuego!!. Un bonito lugar para morir, por que parece que hoy vamos a morir todos", se arrancó, por ejemplo, cuando en el Auditorio comenzó a sonar por error una alarma de incendios que el francés supo convertir en aliada), pero supo que tenía que salir. El público se lo pedía y él no podía negarselo, ya, en ese momento.

Un adios compartido del maestro, al público y a sus compañeros de gira, cerró el concierto entre aplausos. Puede que Maná consiguiera una entrada de 30000 personas el otro día, y casi seguro la repitan Fito y Calamaro, Sabina y Serrat. Pero sintiéndolo mucho, será el de Dominique A en concierto del año en Santiago (permitimos un ex-aequo, si quieren, con el de Los Planetas en la Capitol). Una suerte verlo desde la fila uno, a los pies del artista. Y pensar que casi no puedo ir... jamás me lo habría perdonado. O tal vez sí, pues nunca habría sabido lo que me había perdido.

Tags: Música, conciertos, Dominique A

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